HISTORIAS HÍPICAS

RECUERDOS DEL TIEMPO VIEJO

EL DUENDE, OVER THE SEAS Y EL TORDILLO DE MADRUGA

El turf guarda, el recuerdo de muchas proezas, ignoradas casi, no regidas por reglamentos fríos, como los de hoy, necesarios para poner freno a la ambición que antes no existía, porque más que el valor material de la victoria, importaba el triunfo en su sola y vínica esencia. . . Es hermoso hundirse en el pasado y a nosotros, representantes de la guardia nueva, nos gusta ahondar en él y dejarnos llevar de la mano por los viejos, que nos guían por desconocidas sendas. . .
Y allá vamos. . . Un veterano de la edad de oro, nos cuenta hechos reales, que, pasados los años, parecen leyendas. . .

Era. . . era. . . allá, por el 1870, hace la friolera de cincuenta y cuatro años, que en nuestro escenario hípico, pequeño por su órbita, pero grande por lo que ya prometía, empezaron a aparecer varios racers famosos.
No tenían mayores pergaminos, no tenían pedigrees resonantes, ni habían deslumbrado a los sportsmen en los rings de ventas.
Eran robustos ejemplares de cruzas excelentes, de cruzas con la sangre criolla, que en la mestización aportaba a la ligereza del «puro», la resistencia típica del caballo gaucho.
Y uno de esos ejemplares era El Duende, propiedad del Dr. José Pedro Ramírez, padre de nuestro turf.
El Duende, ganador de numerosas carreras, crack casi absoluto, vencedor de cuanto cotejo disputara, fue llevado, vista la falta de competidores que le hicieran «fuerza» en nuestro territorio, a correr al Brasil, en contra de un tordillo famoso, del Coronel Madruga, quien se preciaba de tener los mejores racers de la época.

Dos veces venció El Duende y una vez el tordillo, en aquellas singulares justas del otro lado de la frontera. Las derrotas del tordillo, aunque aplastantes y «sin vuelta», exaltaron a los partidarios del crédito de Madruga, que sostenían que el caballo «no tenía rivales en la tierra».. «Y en esa certidumbre, aquél lanzó un curioso desafío, en una reunión en la que se encontraban don José Pedro, los hermanos Victorica, Fernando Nebel, Lindoro Pereyra, hermano de don Antenor, un hijo del general Manuel Oribe y Juan Carrara.
Expresó, entonces, con gran orgullo y absoluta seguridad que si había algún caballo en el mundo capaz de darle 50 libras al tordillo (veinte y dos kilos y medio), correría un match por $ 20.000 oro uruguayo.

El reto fue tan enérgico, que don José Pedro vaciló. Con El Duende, con ser muy bueno, no era posible tentar tamaña empresa, sin el riesgo seguro de una derrota. Parecía imposible, hallar un caballo capaz de ofrecer tamaña ventaja. Pero don Juan Carrara, ya veterano, hizo una seña a Nebel y al Dr. Ramírez, dándoles a entender, que «coparan la banca».
Aceptado el desafío, se dictaron las bases, dándose dos meses de plazo para la presentación del competidor. Juan Carrara marchó de inmediato a Buenos Aires a comprar al gran Sargento, el más tarde padre de Druid, caballo notable, capaz de dispensar aquella montaña de kilos.

Pero sea porque su propietario no quisiera venderlo o sea porque se pidió un elevado precio, el negocio no pudo realizarse. Pero Carrara no perdió la confianza y siguió en la búsqueda. Se enteró entonces de que el famoso Leandro Alvarez, cuidador consagrado, tenía en su stud un buen caballo, con el que esperaba ganar un importante premio.
Para sorprender a su propietario, que según se nos cuenta era el Coronel Bosch, le había ocultado sus bondades, diciendole que era un animal mediocre, con el propósito de revelarle la verdad antes de la carrera.

En posesión de esos datos, don Juan se entrevistó con el Coronel Bosch y cerró trato.
El precio fue ridículo, pues aquel creía que el caballo no valía absolutamente nada.
Se pagaron alrededor de $ 12.000 argentinos, aproximadamente unos 600 pesos oro, pues el peso argentino valía antes, como es sabido, cinco centésimos de nuestra actual moneda.
Cuando. Leandro Alvarez se enteró de la venta, ya no era posible echar atrás el negocio.
Su propósito de ofrecer por sorpresa al Coronel Bosch, una brillante victoria, doblemente grande, por lo inesperada había tenido un resultado contraproducente.
Carrara se llevó el caballo, que era Over the Seas, hacia Montevideo.
Desde Montevideo a Cerro Largo, se le llevó de tiro, demorando el viaje veinte días y llegó a su destino casi al expirar el plazo señalado.
Pocos días después se corrió la carrera y Over the Seas a las órdenes de Fernando Nebel ganó con holgura los $ 20.000 apostados por el Coronel Madruga que se repartieron en partes iguales los hermanos Victorica, Don José Pedro, Carrara y el mencionado Nebel.
Y el viejo veterano que nos guía por la senda del recuerdo dice, para que nada falte a la leyenda, que el Coronel Madruga, enfurecido por esa derrota que consideraba deshonrosa, degolló por su mano a su caballo, en un arranque de orgullo y de fiereza…

El vencedor de entonces, fue traído después a Montevideo, donde no pudo correr por haberle aparecido unos sobrehuesos; que Nebel pretendió curar quemándoselos con un hierro calentado al rojo blanco, cura que lo malogró para siempre…

Autor: Eduardo Moratorio Lerena
Diario El Plata – Suplemento Año 1930 – Capítulo Historia de nuestro Turf – Pag 181