CABAÑA REYLES

Por Luis Costa Baleta y Fernando Martínez Laluz

 

 

 

Don Carlos Claudio Reyles nació en Montevideo el 30 de octubre de 1868 y falleció el 24 de julio de 1938.

Su padre Carlos Genaro Reyles fue un rico hacendado y político uruguayo quien se destacó por su obra de mejoramiento de la ganadería nacional.

A la muerte de este su actividad se repartirá entre sus tareas de hacendado y cabañero en el Uruguay y la Argentina. sus frecuentes viajes, y el ejercicio de las letras.

En 1883 convence a su padre de adquirirle a la viuda de Lecocq una Cabaña en Melilla de unas 400 hectáreas.

En ella él se dedicará especialmente a la cría de caballos de silla y de tiro, árabes y andaluces, pero sin descuidar de traer para pastoreo los ejemplares más finos y hermosos originarios de El Paraíso: toros, caballos, lecheras, etc.

 

Carlos Claudio Reyles

Fundador de la Cabaña Reyles

Carlos Genaro Reyles

Fundador de la Estancia “El Paraíso”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Allí en la Cabaña se realizaron muy importantes remates – ferias de haciendas, llegándose a vender en algunos casos hasta 400 animales.

Conservó, como homenaje al pasado, a los fondos las primeras construcciones de la época de su Padre, de la Cabaña de Melilla.

Luis Menafra (uno de sus biógrafos) describe de la siguiente manera como eran las instalaciones de la Cabaña luego de que Reyles se instalara con su Haras en la Argentina.

Era un espléndido palacete de estilo pintoresco y dotado de las instalaciones más modernas para su época. “El decorado y los muebles de la moderna casa, eran de un buen gusto extraordinario. Ante todo, sencillez y calidad. Le agradaba que cada objeto tuviese el sello de su creador, o por lo menos, el espíritu de una firme tradición.”

“Se llegaba a la casa por una magnífica avenida bordeada de inmensos árboles, que acompañaban al visitante apenas salía del camino público, como un anticipo de esplendidez señorial.

El aspecto de la mansión era moderno, pero severo como un castillo. En el frente, dos torreones que señorean el contorno, como los de “Bella Vista” y “El Paraíso”. Árboles y jardines formando hermosísimo parque, rodean al edificio. Después de atravesar los grandes portones de hierro, nos encontramos con Carlos Reyles.”

 

Cabaña Reyles en Melilla.- La Avenida de Ingreso

 

Cabaña Reyles – El Chalet en Melilla

En el centro de la fachada, luce su escudo feudal, recio y estoico.

“En la parte superior, la fecha en que echó raíces en las tierras: 1898.

Partiéndolo en decidida diagonal, estas impulsivas palabras: “De Frente”.

En el campo superior, una espada y, en el inferior, un corazón ardiente, que culmina en llama.

Los dos pilares de su temperamento avasallante.”

Escudo de Armas de Carlos Reyles

“Entramos al gran edificio, con más de veinte habitaciones.  Ahora está impregnado de soledad. Pero es una soledad llena de vivencias, como un barniz conservador

El decorado y los muebles eran sencillos y de calidad pues a Carlos Reyles le atraía que cada objeto llevara el sello de su creador.”

“A la izquierda, en planta baja, está la biblioteca. Sobre el escritorio, como un símbolo, una pesada herradura de hierro. Al alcance de la mano, los libros y revistas clásicos del turfman: Ruff’s Guide to the Turf, Winter Edition and Spring Edition.

Toda la pared cubierta por las bibliotecas. Libros no dejó casi ninguno cuando se trasladó para la Argentina, salvo las revistas que nos confirman su afición a leer los hechos contemporáneos en las fuentes más autorizadas y completas. Queda una colección bastante importante de “La España Moderna” y otra de la “Revue” (Ancienne Revue des Revues).”

Ruff’s Guide to the Turf     Revista La España Moderna

La Revue (Ancienne Revue des Revues)

“Sobre la biblioteca, en uno de los miradores, estaba el estudio. Techo decorado al estilo morisco, con grandes vigas salientes, lustradas y oscuras. Picaportes, fallebas y herrería en general del mismo estilo. Cerraduras interiores enormes, como las de un castillo medieval. Toda la pared, recubierta de madera artísticamente tallada. En primer término, una gran estufa a leña, con el mismo escudo de la fachada. La rejilla de la estufa y demás objetos para uso de la misma, constituyen una obra magnífica de herrería artística. “

“Abierta al campo, invitando a contemplarlo, una gran terraza-balcón, desde donde podía abarcar su propiedad y también las pistas donde ensayaban los caballos de carrera y se entrenaban los de tiro”.

Alhajamiento Cabaña Melilla

 

El Turf, las carreras de caballos “a la inglesa”, comenzaron a exhibirse en Montevideo alrededor de 1865, cuando se instala la dictadura del General Venancio Flores después de la intervención determinante del Brasil.

Y es justamente otro capitalista brasileño, Joaquim Pereira Lima, el iniciador de esta moda. Las primeras carreras se realizaron en Piedras Blancas, dando nombre a la Azotea de Lima.

Luego, en 1867, el palco de la Azotea de Lima se trasladó a Maroñas a instancias de la Sociedad Hípica recién formada, inaugurándose el “Nuevo Circo”.

Pero habría de refundarse nuevamente en 1874 como “Circo Ituzaingó” en la ubicación que actualmente tiene el Hipódromo de Maroñas.

Finalmente, en 1888 se funda el Jockey Club del Uruguay con la presencia del joven estanciero y cabañero Carlos Reyles quien, en sociedad con el Dr. Manuel Quintela, ya había comenzado también la cría de caballos de pura sangre importados de Inglaterra y de Argentina.

Años más tarde cuando tanto el País como el Jockey Club se encontraban en una profunda crisis y Reyles, quién era el propietario del inmueble de la calle Sarandí donde estaba alojada la sede del Jockey Club, en generoso acto de desprendimiento no le cobro los alquileres a la Institución hasta que la misma trasladó el local social a una finca en la calle 25 de Mayo e Ituzaingó.

Sede Jockey Club en la calle Sarandi

Poco tardó en orientar el haras hacia los caballos de carrera y, como ocurría con cuanta actividad emprendía, se propuso alcanzar la perfección siendo la turfística una de las actividades de mayor importancia para Reyles que atendió durante treinta y cinco años con apasionado interés.

Su padre Carlos buscaba un tipo de vacuno, que solo el ojo de él percibía y esto lo hacía desechar vacas que nadie comprendía por qué y ese rasgo de criador, lo heredó su hijo.

Para Reyles, la cría del purasangre, no exigía solamente amplios conocimientos científicos y prácticos, para asegurar el pedigree y la cría del potrillo en las mejores condiciones de desarrollo, sino “intuiciones geniales, y un apasionado amor del oficio que por veces remata en fuego sacro y transforma al criador en inspirado artista”.

Lo fundamental, claro está, es la ciencia del pedigree. “Más valen cuatro ascendientes que cuatro patas” – dice Reyles con su habitual sinceridad, áspera y filosa. Combate la opinión criolla de que los mejores caballos son aquellos que han nacido a la buena de Dios y que fueron buenos porque sí, porque tenían que serlo y nada más. Pero cree también que la ciencia de nada vale, si no va acompañada en la práctica, del “don de la gracia”.

 

“El criador completo – afirma – necesita tener conocimientos teóricos y prácticos, intuiciones geniales y hasta un poco de imaginación poética. No hay que olvidar que la cría del pura sangre es un arte y, a veces, un arte romántico…”

Para demostrar la importancia de la inspiración, nos cuenta la historia del Cavaliero Edoardo Ginistrelli quién abandonó Italia para radicarse en Newmarket,  con la idea fija de ganar el Derby. Se pasaba los días y parte de las noches, imaginando combinaciones de sangres. Vivía con y por su ilusión.

“Signorina” era su yegua favorita, ganadora de muchos premios y madre de caballos ya famosos. Pero cada día estaba más decepcionado. Los amores de “Signorina” resultaban infecundos o débiles. Parecía que al pedigree de la pareja había que agregarle pasión, entusiasmo, impulso creador.

Un día decidió dejarla elegir el galán de su simpatía. Para ello, comenzó a pasearla todos los días por delante de los “studs” de Newmarket. Una salva de potentes relinchos la saludaba siempre, no pareciendo que ella les diese más importancia que el de poder lucir su coquetería, siguiendo tiesa y ágil.

De vez en cuando se detenía, para oír mejor el eco de un relincho lejano, que parecía producirle particular emoción. Al fin, su dueño se convenció de que ninguno de los galanes llenos de títulos de nobleza, satisfacía el secreto deseo de su yegua. Y en el mismo instante tuvo un “lampo di luce”: resolvió dejar que “Signorina” se dirigiese, aun saltando cercos, hacía donde sentía el llamado misterioso de su sangre noble.

Su decepción fue enorme cuando la vio detenerse delante del box de “Chalereux”, padrillo de tercera categoría. Se le desgarraron sus entrañas de viejo y apasionado “stud-master”. Pero cuando vio que Signorina, habitualmente esquiva, se sometía amorosa a las órdenes del reciente galán, decidió efectuar allí mismo las nupcias.

“Once meses después nacía “Signorinetta” y tres años más tarde ganaba el Derby y los Oaks. Y he aquí como el tener un alma dulce y soñadora sacó de la penumbra a un “stud-master” oscuro, le hizo conocer las delicias de los triunfos más sonados y la gloria de estrechar la real diestra y ser calurosamente felicitado por Eduardo VII, que era un cumplido turfman también y el dechado perfecto del gentleman, ese producto y así como substractum de la civilización inglesa, que no han podido todavía imitar los profesores germanos, en sus formidables laboratorios de ciencia social, sin duda porque, al revés de Ginistrelli, poseen la ciencia, pero les falta la gracia”.

Signorinetta

Para tener una aproximación a la verdadera dimensión que tenía Carlos Reyles en la sociedad montevideana de su época, nótese que en agosto de 1906 en ocasión de la visita de Eliu Root, quien era el Secretario de Estado del Presidente de los Estados Unidos Theodore Roosvelt el gobierno en pleno lo recibió y para agasajarlo entre otras actividades organizó un desfile militar en la Plaza Independencia.

Después de este evento la Comitiva se trasladó hasta la Cabaña Reyles donde fue recibida por el propietario de la misma.

Recepción oficial al Ministro Root de USA

por nuestro Gobierno en la Plaza Independencia

 

Rato después la Comitiva Oficial

era recibida en la Cabaña Reyles

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Don Carlos Reyles fue copropietario del viejo “Stud Independiente” y sus caballos actuaron en Maroñas desde la época del legendario circo Ituzaingó.

Había comenzado a criar con Caliban pero inmediatamente comenzó la importación de magníficos sementales de Inglaterra. En 1889 por “Exmoor” y en 1900 por “Napoleón” pagó 3.000 y 2.500 libras respectivamente, llevado por su afán de partir desde un punto firme.

A ello le agregó a las siguientes yeguas madres entre las que se contaban Langlaagte, Nellie, Agrippina, Cábula, Coronación, Troya, Donnina, Twin, Financiera y Coqueta.

Exmoor (Vestminster y Lorna Loone) – Padrillo de la Cabaña Reyles

Aviso Venta de Servicios de Exmoor en Cabaña Reyles

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Obtuvo productos excelentes, entre ellos “Imperio”, uno de los primeros caballos nacionales que pudo optar a la categoría de “crack” que llegó a ganar dos clásicos en el Reino Unido. Luego vinieron “Doña Luz”, “Vesubio”, “Yerba Amarga”, “Pilatos” “Chana” y muchos otros, que se lucieron en ambas márgenes del Plata.

Y en una misma tarde, con legítima satisfacción, se enteró que los productos de su Haras habían ganado cinco carreras de las siete disputadas ese día.

Imperio

Yerba Amarga

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                           

       
                           Ver historia de Imperio                                                                                   Ver historia de Yerba Amarga

 

En 1901 importó a Ercildoune y en 1905 a Flotsam ambos de Inglaterra.

 

Floatsam (St. Frusquin y Float)

Revista Sportsman 20 set 1908

Trofeo Clásico Producción Nacional de Maroñas

entregado al criador por la victoria de Pilatos en 1906

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En 1910 fue nada menos que el importador de Le Samaritain, por Le Sancy y Clementine. Le Samaritain, «el grande» cuyo hijo Roi Herode (en Roxelane), importado de Francia a Inglaterra, reverdeció, a través de The Tetrarch (Roi Herode y Vahren) «el maravilloso manchado», la prácticamente extinguida rama de Hero.

 

Le Samaritain (Le Sancy y Clementine) Abuelo de The Tetrarch

Le Jockey (France) – 2 abril 1910

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dispersado, en 1920, el Haras Reyles de Lobería, el viejo tordillo Le Samaritain, cubierto de gloria (pues su hijo Grey Fox, que luego sirvió en Francia, había sido el único vencedor del prodigioso Botafogo) fue comprado por el haras Ayacucho, donde murió a poco de arribar.

 

Grey Fox

 

En 1903 Carlos Reyles llevó al Tattersall de Palermo para subastar en dicho ring hijos de Exmoor y Napoleón, calificados, respectivamente, por las campañas en el Hipódromo Argentino de Yerba Amarga e Imperio.

Las sonrisas entendidas e irónicas de quienes consideraban que esta aventura era una arrogancia desatinada, se mudaron en asombro ante el excelente resultado del remate.

“Llegó el día de la venta para la cabaña Reyles. El lote de los hijos de Exmoor y Napoleón tenía que luchar con el recuerdo de los de Fernández y Unzué, y además se pensaba en el inconveniente de que, en virtud del gran número de animales ven­didos, habría de ser menor el de los compradores. Pero la plaza está firme y el señor Reyles obtiene un buen resultado.

El lote se ha impuesto por la belleza de sus formas, y Obelisco obtiene 13,200 pe­sos, y Gran Capitán hubiera alcanzado mayor pre­cio si un accidente sufrido la víspera no hubiese obligado a venderlo particularmente. Se pagan bue­nas cantidades por los hijos de Exmoor y Napoleón, y las yeguas, consideradas como las más hermosas de las presentadas a la feria, son adquiridas por cria­dores argentinos que, después de la campaña en la pista, las llevarán para cría a sus establecimientos.

Ese es un triunfo que debe causar gran satisfacción al inteligente criador de Melilla.

Antes de dar el resultado de las ventas de los productos de la Cabaña Reyles, diremos que ha contribuido a la firmeza de la plaza la presencia en Buenos Aires de sportsmen interesados en adquirir productos para Montevideo, Rosario, Chile, Rio de Ja­neiro y Sud Africa.

He aquí ahora el resultado: Potrillos por Exmoor: Obelisco, en Donnina, her­mano de Atalaya, Carina y Salomé, y hermano ma­terno de Almaviva, en 13.200, al stud Godoy; Alarico, en Troya, hermano de Dominó y Gil Blas, en 10.030, al stud Bonheur; Taponazo en Coqueta, her­mano de Chana, en 6.800, al stud La Mascota; Cirabelino, en Financiera, en 6.000, a M. González; Carlos V, en Ninfa, en 3.000, al stud Necochea; Terremoto, en Adelina, en 2.700, al stud Tormentoso; Neptuno, en Nellie II, hermano de Darwin, Congo y Yerba Amarga, en 4.000, al stud San Jorge, Thor, en Catástrofe, hermano de Cataclismo, en 5 209, al stud Hispano; Doricles, en Warrego, medio hermano de Cartouche, en 3.100. a J. Romay.

Potrancas: Titania, por Napoleón y Casualidad, hermana de Mahoma, en $ 6.500 al Haras Nacional; Sinfonía por Exmoor y Marianita, hermana de Gran Mogol y Reina de Saba, en 1.200 al stud Las Fresas; Covadonga, por Exmoor y Cábula, hermana de Cascabel, y media hermana de Garabato y Zahori, en 4.600, al señor Martín Avellaneda; Yerba Virgen por Napoleón y Yerba Amarga, en 2.800, al stud Tribuna; Sor Belén, por Napoleón y Valrni, en 2.300, al Haras Viejo; Catarata por Exmoor y Doña Luz, en 2.700, al stud América; Tebas, por Exmoor y Rose d’Or, hermana de Yorick, y hermana materna de Rayón d’Or y Reve d’Or, en 1.700, al Haras Los Hermanitos; Maya, por Exmoor y Little Pollie, en 1.000 a M. de los Santos.

El potrillo Gran Capitán, por Napoleón y Corona­ción, hermano de Doña Luz, que se mancó el día antes del remate, fue adquirido particularmente por el stud Charrúa, en la suma de $ 8.590.

Con el vendido particularmente, son 10 machos, y el término medio es de $ 6.270.

El promedio de las 8 potrancas es de $ 2.850.

Total de la venta: $ 85.300, incluso los 8.500 pa­gados particularmente por el potrillo Gran Capitán.

Para dar una idea de la importancia alcanzada este año por las ventas de yearlings de Reyles en Buenos Aires, diremos que el total de las ventas de la temporada fue de $ 918.440 por un total de 236 productos.

Los siguientes importantes haras de Argentina vendieron estas cantidades y por los siguientes valores totales:

Haras Nacional $171.200 por 26 productos

Haras Ojo de Agua $140.400 por 27 productos

Haras Las Ortigas $125.000 por 24 productos

Haras Santa Rosa $ 98.010 por 28 productos

Haras San Jacinto $ 90.800 por 15 productos

siendo estos los únicos que superaron las ventas del criador uruguayo Cabaña Reyles $ 85.300 por 18 productos».

Esta práctica la llevó a cabo hasta el año 1909, ya que luego envió todo su plantel de padrillos, yeguas madres y productos a Lobería.

En enero de 1909, cuando la presión de los cabañeros argentinos logró que se tomaran medidas restrictivas a la entrada de productos extranjeros, Reyles cortó el problema a su manera: liquidó el haras de Melilla y se instaló en Lobería, próximo a Buenos Aires. De ese modo sus productos iban a ser argentinos, él iba a fundar en Argentina una caballeriza para correr sus caballos y evitar las medidas que habían impuesto las autoridades de la vecina orilla.

Este fue el factor principal en su alejamiento del Uruguay. La Argentina era el mercado más fuerte para sus negocios del Haras, viéndose obligado a adaptarse a las circunstancias. Más tarde, según vimos, se agregaron otros factores no menos importantes, que terminaron de reafirmarlo en su orientación hacia el país vecino.

 

Revista El Jockey (URU) – Aviso Cabaña Reyles y El Paraíso

Transferencia

Estancia El Paraiso – Cabaña Reyles

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Su mayor dolor era tener que vender Melilla, donde viró por primera vez hacia la tierra en 1898, y verse obligado a liquidar “El Paraíso”, pues comprendía que era imposible atender a dos establecimientos tan distantes.

En dos puntos sintetiza sus proyectos a realizar en 1909:

“1) Pasar el Haras a Buenos Aires, plantear una caballeriza de carreras y vender la “Cabaña Reyles”.

2) Liquidar la cabaña Durham y darle a “El Paraíso” una organización simple, pero inteligente.

En ese mismo año Reyles resuelve vender a Ercildoune conjuntamente con las yeguas que había comprado en Inglaterra para cruzarlas con él.

Tanto el Diario «El Siglo» como la Revista “El Campo y el Sport” se referían a esta importante oportunidad que representaba para los criadores la dispersión de yeguas madres que haría el Haras Reyles como consecuencia de la decisión de vender a Ercildoune con objeto de cambiar de sangre.

“Si bien este semental, Ercildoune, no ha demostrado ser un gran padrillo puede por lo menos decirse que ha tenido una buena producción.

Ha producido poco especialmente en cuanto a machos. Solo 11 potrillos han corrido, ocho de los cuales son ganadores y entre ellos figuran ca­ballos de primer orden como Morgan, Pí­latos y Espectro, este último ganador de varios clásicos y de la Internacional en Chile, batiendo a Rolando, Alcázar y Celso.

La venta de Ercildoune implica la de varias de las mejores yeguas de la ca­baña que fueron compradas especialmente para él, y que por ser hijas de St. Frusquin o nietas de St. Simon, vienen a re­sultar hermanas o muy consanguíneas de Flotsam.

Estas yeguas son Iceboat por        Persimmon; Vesper por St. Frusquin y Limas, ganadora de los Oaks; St. Felicita por St. Frusquin; Free State por St. Serf y Orange por Bend’Or.

También será vendida otra yegua im­portada llamada Nun Sweeter, propia her­mana de Nun Nicer, ganadora de las Mil Guineas por Common y Priestess.

Este lote de madres es verdaderamente excepcional como muy pocos o ninguno se ha vendido en el Río de la Plata. Todas ellas han producido regularmente, y sus hijos, que pronto harán su debut en las pistas son muy sanos y fuertes, alcanzando en las últimas ventas muy buenos precios. Entre ellos los aficionados recordarán a Hermes aquel magnífico hijo de Ercildoune y St. Felicita adquirido por el Stud Zubiaurre en $ 11.000 nacionales.

Junto con las yeguas importadas irán a la venta las yeguas nacidas en la cabaña. Estas son Palestra por Exmoor y Nirvana, hermana entera de Vesubio y Verónica por Napoleón y Mariana.

El remate tendrá lugar en Buenos Aires en los primeros días de Mayo de 1909 por intermedio de los señores Bullrich y Cia.”

El 1° de enero de 1911 desencadenó el vendaval. Remató las yeguas en Montevideo, obteniendo 4.020 pesos, con óptimo resultado. A pesar de hacerlo para resolver el apremiante problema de instalarse definitivamente con el Haras en la Argentina, todo esto le dolía en las entrañas.

El 15 de octubre de 1911, se realizó la feria-liquidación de “El Paraíso”. Vendió todo el ganado menos las ovejas, estableciendo una sociedad con el señor Schauricht para ellas.

“Salgo de aquí – escribía la víspera – contento a pesar de las pérdidas y reveses que he sufrido. He hecho un esfuerzo formidable y logrado que “El Paraíso” no arriara su bandera de lucha y desapareciera después de tantos años de existencia. Me dolía asesinar la obra de mi padre y la mía propia; quedan salvadas las dos… y a otra cosa”.

Se ve claramente que el amor de Reyles por el campo y el respeto por la obra de su padre, no eran “temas literarios” sino realidad honda. Sigue decidido a conquistar la tranquilidad, para dar la medida exacta de sus fuerzas.

Vive desasosegado, porque los negocios casi no le dejan tiempo para leer. Tiene que concluir de organizar el Haras de Lobería, en la zona de Necochea, cerca de Buenos Aires, donde compró una hermosa fracción de campo. Como en todas sus obras, en Lobería unió utilidad y belleza. Las más modernas instalaciones aseguraban la presencia de ambas cosas, en este establecimiento modelo.

La ciudad de Lobería, cabecera del partido, está situada en la parte central del mismo y fue creada el 31 de enero de 1891 siendo la superficie del Partido de Lobería de 4.755 km².

En su mayor parte es una extensa llanura muy fértil que se ve recortada por grandes montes de eucaliptos y hacia el norte se pueden observar pequeñas elevaciones que marcan un porte orográfico en ella.

Forma parte de la rica zona sureste de la Provincia de Buenos Aires denominada «Mar y Sierras» limitando al norte con el partido de Tandil; al este con los partidos de Balcarce y Arroyo La Nutria Mansa, en el medio con el Partido de General Alvarado; al oeste, el Río Quequén que lo separa naturalmente en casi todo su recorrido, con el partido de Necochea y al sur con el Mar Argentino del Océano Atlántico, contando con 37 km de costa atlántica que ofrece magníficas playas de amplitud y extensión extraordinaria, destacándose el Balneario Arenas Verdes.

Eran 435 hectáreas de excelente campo, situado a tres leguas y media de la Estación Lobería (F.C.S.). En el centro se levantaba el casco del establecimiento, entre macizos de lustrosa alfalfa. En la planta baja, las dependencias comerciales y prácticas: escritorio, despensa, cocina y algunos dormitorios; en la planta principal o primer piso, el plano social: una gran sala, con cortinados y frisos de telas hindúes, un gran comedor de típico estilo español y lujosos dormitorios decorados; en la planta alta, un gran salón-biblioteca, con un magnífico balcón sobre el parque que rodeaba toda la casa.

Casa del Haras Reyles en Lobería

 

Carlos Reyles sentado en la baranda de la casa

del Haras en Loberia

Plano de ubicación del

Haras Reyles en Lobería

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Son tres planos que Reyles nunca confunde: práctico, social e intelectual, en un mismo conjunto armonioso y firme.

Un gran edificio con diez habitaciones, servía de alojamiento a los empleados. Junto a éste, la sala de máquinas para la molienda y limpieza de granos. Todas éstas eran movidas eléctricamente, para lo cual había una usina y gran sala de acumuladores.

Cuando los molinos a viento no funcionaban, se conectaba la bomba eléctrica. Todo estaba previsto y maravillosamente organizado, de acuerdo con los más recientes adelantos de la industria. El agua corriente y la luz eléctrica, estaban instaladas desde el chalet hasta la última dependencia del establecimiento, que tenía innumerables reparticiones.

El galpón de preparación, con cuarenta “boxes”; el de los padrillos con piezas para el peón cuidador; los galpones de las yeguas madres, con más de veinte “boxes”, estaban construidos con sólidas paredes de ladrillo o de madera doble, con techos de zinc, forrados interiormente con gruesas planchas de corcho, y con pisos fácilmente lavables, para asegurar la higiene.

Galpon de Boxes del Haras Reyles en Lobería

Vista exterior de los boxes de la cuida

 

Un pequeño ferrocarril circunvalaba todas las instalaciones, uniendo los galpones entre sí, pasando por su interior y yendo a terminar en los quemaderos de abono y depósitos de forrajes. Esto facilitaba enormemente la limpieza y transporte de los alimentos, simplificando al mismo tiempo la administración general.

Rieles del tren interior del Haras Reyles

en Loberia

 

Lugar donde se cocinaba el smash

en el Haras

 

A fines de 1911 partía para Europa, con el objeto de adquirir reproductores y buenas yeguas, para refrescar la sangre del Haras.

En diciembre asistió a un remate en Newmarket comprando once magníficas yeguas, que envió de inmediato a Lobería.

Inventarios de Carlos Reyles

 

Las noticias de allí no eran buenas. La primera producción de “Le Samaritain”, había sido casi totalmente diezmada por los abortos y la infección umbilical.

Se recomienda a sí mismo, tomar con calma los contratiempos y reveses de “los negocios”. Piensa en liquidar el Haras: “Este rincón del mundo parece maldito – dice; todo conspira aquí contra la tranquilidad del espíritu y del buen humor: el viento constante, el calor, las moscas, los tábanos, los animales dañinos, las pestes, los incendios. Agria tierra. No sospechaba yo que el poblar aquí era caer en el infierno y echarles margaritas a los puercos”.

Aviso Venta de Productos del Haras Reyles en Argentina 1914 – El Campo y El Sport

 

En 1916, la vida de Reyles entra en un período espléndido, caracterizado por el pleno auge económico y un gran empuje a sus creaciones literarias.

Los potrillos del Haras comenzaban a ganar buenas carreras y los negocios de invernada rendían excelentes resultados. Este fue el negocio a que más se dedicó inmediatamente después de haberse trasladado a la Argentina. Los tiempos eran propicios para realizarlos en óptimas condiciones, pues a raíz de la guerra europea, el precio del ganado era excepcional.

La llamada “crisis de las vacas”, después de dos años de auge, inmediatos a la guerra europea, fue realmente dramática.

De un día para otro, se desvalorizó todo. Lo que había comprado a sesenta, valía veinte.

Agobiado por esta gran crisis de la postguerra, Reyles decidió liquidar, entre otros bienes que poseía en Argentina, su haras en Lobería.

Ya no volvería a criar purasangres…

Carlos Reyles

 

Referencias:

Revista Rojo y Blanco – 1900 a 1903

Revista La Semana Rural y Sportiva – 1903

Revista Caras y Caretas (ARG) – 1906

Revista El Jockey (URU) – 1906, 1907 y 1909

Revista Sportsman – 1908

Revista La Semana – 1912

Luis Alberto Menafra – Carlos Reyles 1957

Conferencia de Carlos Manini Ríos – Pasión de Reyles – 1988

Eliana Noelia Segovia- Museo Histórico La Lobería Grande – 2020